VISITA A UN CENOTE

Son muchas las actividades que puedes realizar en la Riviera Maya, una de ellas es visitar un cenote y conectarte con la madre naturaleza.

Caminamos por la selva para llegar al cenote, un tramo nada largo, pero si un camino rocoso rodeado de vegetación y ruidos de animalitos (una que otra sorpresa brindada por mis amigas las iguanas), árboles de los que cuelgan panales del tamaño de una sandía y cientos de otros detalles que serían interminables de describir y que hemos decidido dejar en suspenso para invitarte a descubrirlos por ti mismo…te dan la sensación de estar viviendo la experiencia más salvaje de la selva.

Siguiendo la educación de nuestras madres y respetando siempre el lugar en el que se es “la visita” continuamos caminando simplemente observando sin tocar nadita.

Cerca, muy cerca de llegar al cenote, pisando rocas y tierra se empieza a sentir como debajo del suelo hay un vacío. Y ahí está: la piscina natural de agua dulce, este agujero en la naturaleza que conecta con otros miles de cenotes desde una red subterránea.

La palabra cenote proviene del nombre maya dz’onot y significa: caverna con agua. Su formación se origina de la disolución de roca caliza y dependiendo de la edad, es lo determinante entre que sea abierto o aún mas jóvenes si son cerrados. Se calcula más de tres mil cenotes descubiertos en la península de Yucatán.

No es de extrañarse la fuerte conexión que tenía la cultura maya con los cenotes y el significado de estos; es para ellos la entrada al inframundo, un puente sagrado con el más allá. Según investigaciones fueron utilizados para realizar sacrificios humanos como ofrenda a sus dioses.

Nosotras optamos en esta ocasión por un maravilloso cenote abierto, este lugar ha sido vislumbrado con tanto asombro como el nuestro ya que ha sido elegido regularmente para grabar varios videoclips.

Puedes elegir entre un cenote abierto o vivir la experiencia de estar en una caverna rodeado de estalactitas, preferido para practicar buceo. En ninguna de las dos te salvas del agua helada que sin duda estremece pero que es imposible no sentirse reavivado, despierta tus sentidos.

Después de algunos minutos de admirar la belleza del lugar, nuestra vista es atraída por los rayos de luz entre las hojas bajo el agua y los peces que nadan tranquilamente por las rocas del cenote.

Una escena que incita al goce, sin pensarlo más, decidimos hacerle compañía a los pecesitos, no te asustes, en los cenotes hay peces “garra rufa” que les gusta alimentarse de las células muertas de los pies, se que no suena nada atractivo pero es inofensivo y al final de cuentas es una auténtica manera de contribuirles con tan amable invasión. Ya en el agua puedes usar tu snorkel para maravillarte con la vida bajo el agua o simplemente nadar, refrescarte y observar la majestuosidad del paisaje, ¡es suficiente para pasar un día increíble!.

Visitar un cenote es sin duda una mística aventura.

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