Descubre por qué me enamoré de Perú

En la cordillera de los andes encontramos un esplendoroso país que propone exploración. Perú es un país con mayor diversidad biológica y mayores recursos minerales del mundo. Un país con paisajes que nos dificultan separar los sueños de la realidad.

En Perú hay más de cien mil sitios arqueológicos, montañas, glaciares y lagos que contienen el 4% del agua dulce del planeta.

En esta ocasión, tuve relativamente pocos días para visitar algunos de sus fascinantes destinos del centro del País.

La primera parada fue en la bella ciudad de Cuzco, en medio de montañas y su arquitectura colonial.  Tiene un eco inquietante al recorrer sus pequeñas calles entre los alegres peruanos. Debo decir que vivir al nivel del mar no me fue muy útil en este lugar, su altura te arranca varios suspiros. Te recomiendan comprar dulcesitos u hojas de “coca” una planta de las regiones andinas para curar el “mal de montaña” ya que incrementa la absorción de oxígeno. Yo sinceramente no me hice muy fan de tomarla y probablemente por eso me faltaba el aire de vez en cuando.

Puedes pasar tardes distendidas en la plaza central de Cuzco y ver el sol  ocultarse en las montañas; para mi termostato interior caribeño, los 16 grados centígrados de las tardes me provocaban hacerme bolita en las escaleras de la iglesia mientras veía gente pasar.

Cerca de la plaza hay varios, muchos, diría yo, lugares que te ofrecen tours a los distintos atractivos de Perú. Es realmente significativo el ahorro que puedes tener al comprarlos en las oficinas cerca de la plaza a diferencia de reservar por internet con agencias.

Yo elegí visitar el tour cercano a Cuzco: salinera de maras con su atractivo singular, infinitos bancos de sal en una pendiente; caminas entre la sal que parece nieve mientras observas tu reflejo en el agua que corre desde un río en la parte superior y se distribuye por canales a todas las terrazas de la salinera. Luego visitamos Moray, un impresionante sitio de cultivo construido con terrazas a diferentes niveles que simulan microclimas al tener diferentes latitudes, para terminar el paseo con Chincheros y su hermoso mercado, donde puedes conocer mejor el proceso de elaboración del hilo de alpaca.

Al día siguiente, tocaba despertar a las 3 am para empezar el recorrido hacia la montaña Winicunca, la famosa montaña de siete colores y la quinta más alta de Perú. Después de algunas horas de conducir entre las montañas, la noche se convirtió en amanecer. La aventura comienza al borde de un camino donde al fondo se observa una montaña cubierta de nieve. La caminata es de aproximadamente tres horas rodeada de alpacas y vistas que transforman lo introspectivo en algo externo. Para alguien como yo que no está acostumbrada a la presión de la altura, es un camino bastante desafiante y un reto llegar hasta la cima de la montaña  frente a ella para admirarla a 5400 msnm.

Inexplicable es la sensación de contemplar tal maravilla creada por la naturaleza. Su gama de colores tan perfectamente distribuida como si cientos de personas se hubieran organizado para colocar cada granito de color en su lugar. Insoportablemente hermosa que no queda más que entregarse al viaje.  De la montaña de siete colores conservo una impresión fuerte y un recuerdo simpático.

La planeación de mi viaje a Perú fue con muy poca anticipación. Mi intención era realizar la caminata inca para poder llegar a Machu Picchu en trekking y acampando, pero esto requiere hacer una reservación de varios meses ya que el número de caminantes es controlado, así que me tocó usar transporte para llegar hasta Aguascalientes , el pueblo para pasar la noche antes de salir a Machu Picchu. Cabe mencionar que no me quejo; es uno de los más deliciosos viajes en tren que he realizado. No es económico, en comparación con los gastos de comida y hospedaje del país, pero vale la pena. Yo opté por un vagón de tren con ventanas panorámicas y techo de cristal para no perderme ningún detalle.

Había leído en varios blogs que para tomar el autobús que te lleva de Aguascalientes a Machu Picchu había que comprarlo un día antes y hacer fila en la madrugada para abordar el autobús. Yo salí del hostal a las 5 am para hacer fila y tuve que caminar varias cuadras para llegar a la cola, llega a impresionarte y un poco a desanimarte la cantidad de gente que espera antes de ti. Mi entrada reservada para ingresar a Machu Picchu era para las 8 am y había perdido mis esperanzas de llegar a esa hora: era mi cumpleaños, había tantísima gente formada, tenía sueño, estaba tan lejos de casa y no iba a poder entrar a Machu Picchu, y era mi cumpleaños! eso rondaba por mi mente sin cesar, hasta que me regañé a mí misma y decidí soltar la ansiedad y relajarme para platicar con los demás de la fila. La gente empezó a caminar, subir al autobús, y yo a las 7:50 am estaba ingresando al sitio arqueológico.

Se trata de un lugar mágico, una ciudad construida, no sé cómo, en medio de una montaña, tal perfección invade tus ojos. Es tal la fascinación con la que todos los presentes contemplamos su belleza. La estética y la majestuosidad del imperio inca la ha nombrado una de las maravillas del mundo. Es sin duda una expresión del manejo virtuoso de la arquitectura de los Incas.

Se puede sentir como emana la sabiduría y protección de este lugar sagrado.

Para tomar fotos panorámicas, puedes subir a la montaña Wayna Picchu (reservar entrada con mucha anticipación) o subir la montaña Machu Picchu con  libre número de personas para acceso, es de mayor altura, pero tan terapéutico su caminar entre pequeños escalones de rocas y satisfactorio al llegar a la cima para sentir la ligereza del aire acariciar tu cara.

De regreso a Cuzco decidí quedarme un día en Ollantaytambo, es la única ciudad inca aún habitada y rodeada de andenes de resistencia para evitar deslaves de las montañas a su alrededor. Por en medio de las calles corren canales de agua para el abastecimiento de sus pobladores. Desayunar frente a la plaza y beber un café escuchando el sonido del agua y las aves supera las expectativas de relajación. Resulta inolvidable.

No lo he mencionado aun, pero la gastronomía de Perú lleva tu paladar a un exquisito escape, una experiencia llena de sabores inesperados. Es imposible no expresar la delicia de cada bocado. La amarás como yo. Y las Llamas ¿quién no ama las llamas?

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